Teléfonos con GNU/Linux. Un futuro posible.

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Ubuntu Edge en móviles

La verdad es que no he terminado de entender muy bien por qué se ha organizado la campaña de Ubuntu Edge en indiegogo tal como se ha hecho: las fechas, la cantidad, la evolución de los descuentos y otras varias.

Confieso que cuando la conocí me entusiasmó. Me imaginé el proyecto tal como a mí me hubiera gustado que fuera: un dispositivo móvil con software libre y puestos a soñar, con hardware libre o, al menos con drivers libres. Sólo un sueño, dudo mucho de que últimamente el principal objetivo de Canonical sea llevar la libertad a la ciudadanía pero que siga sin pasarse al lado oscuro ya me hace muy feliz.

Ahora que ha terminado el plazo propuesto y más de uno se alegra de haber acertado su pronóstico de fracaso, me doy cuenta de que la idea de un móvil con Ubuntu sí que ha dado resultado, aunque no sea según el objetivo explícito de la campaña. Si corresponde con los planes de Canonical es algo difícil de saber. Tampoco es sencillo sacar otras conclusiones ¿Hay demanda de un dispositivo móvil con Ubuntu? ¿Con GNU/Linux? ¿Es lo que imaginamos para el futuro como ordenador personal?

Con respecto a lo del (supuesto) fracaso, me parecería una excelente oportunidad para reflexionar sobre el concepto tan binario que la sociedad (por lo menos la occidental) tiene sobre el éxito; creando categorías extremas donde no hay razón para que existan. Pero mejor dejamos ese tema para otro día, si eso, y ahora os sigo aburriendo con lo de Ubuntu Edge.

A estas alturas está claro que los teléfonos inteligentes, ya casi no quedan de los otros, son más ordenadores con los que hablar por teléfono que teléfonos asistidos por un ordenador; claro que eso ya pasa en muchos otros ámbitos tecnológicos y las perspectivas son de ir a más. El cerebro que ha colonizado los dispositivos móviles, la arquitectura ARM, dispone ya de sobrada capacidad para lo que puede considerarse como tareas personales (las que tienes en tu teléfono o en tu tableta) aunque seguramente no para muchas de las profesionales. La idea planteada por Canonical de poder, con Ubuntu Edge, llevar siempre con nosotros nuestro ordenador personal, y nunca mejor dicho, y elegir usarlo con una interfaz portátil o de escritorio según el contexto e integrarlo, de verdad, con otro/s ordenador/es de uso profesional me parece realmente práctica, algo que yo no he conseguido con Android y que me ha llevado a abandonarlo de hecho en lo personal aunque siga presente como opción profesional.

Claro que Android será software libre, pero cuesta encontrar aplicaciones que también lo sean y que no necesiten al instalarse sospechosos permisos para consultar tu lista de llamadas y así permitirte jugar con unas bolillas que suben y bajan o saber cómo está el tiempo en tu pueblo ¿Sólo a mí me parece que pagas por una tener una maquinita que te espíe? Por no hablar de los drivers privativos, el eterno problema de Linux. Tampoco los fabricantes de dispositivos móviles lo ponen muy fácil para arrancar otros sistemas que no sean los que les instalan en fábrica. En mis alucinaciones inducidas por Ubuntu Edge me imaginaba, en cambio, teléfonos y tabletas que arrancaban con cualquier sistema operativo, mi querido Debian, por ejemplo; fabricantes que veían la luz y hacían drivers libres y hasta hardware libre, puestos a soñar…

Seguro que no era la finalidad de la campaña pero como encuesta del interés de los usuarios me parece que el resultado es que un proyecto así sí que tiene un número de seguidores considerable; considerando al menos el número de seguidores que tiene, hoy por hoy, GNU/Linux, pocos comparados con otras plataformas, es verdad, pero suficientes para interesar a algunos fabricantes.

Tampoco sería el objetivo de la campaña de Ubuntu Edge en indiegogo pero otra cosa que se ha conseguido con ella es dar visibilidad al proyecto, y quiero pensar que al software libre por extensión y me alegraría mucho que hubiera sido así. Y la difusión de la campaña, la que me ha llegado a mí, no ha sido tanto por lo que ha hecho Canonical por publicitarse, poco, sino por los comentarios que han lanzado a Internet tanto defensores como detractores ¿Cómo puede un proyecto así molestar? ¿No era irrelevante? Puede que sea otra muestra de que a los humanos nos cuesta elegir y preferimos, torpemente, que no haya demasiadas opciones disponibles y más aún, nos gusta llevar razón y que nada nos haga pensar que nos equivocamos cuando hicimos nuestra elección.

No sé qué piensa hacer en adelante Canonical (más allá de lo poco que ha dicho por ahora) con su proyecto de teléfono (y con su sistema operativo para teléfonos) pero me extrañaría mucho que no siguieran con él después del éxito tan grande que ha tenido su campaña para ser un fracaso. Puede que ellos mismos lo financien, puede que hayan demostrado viabilidad a algún fabricante indeciso con el que aliarse… Para mí lo importante es que el tema ha llegado al público y ha despertado, seguro, su interés y muy probablemente su deseo.

Más o menos maduros, ya hay disponibles dispositivos móviles al uso, tabletas, más que teléfonos, que soportan GNU/Linux y un interesantísimo par de herederos de MeeGo: Sailfish (un desarrollo de Jolla con los primeros teléfonos ya en la calle) y Tizen, ambos con mucho Linux y con atractivos Qt y HTML5 pero poco GNU para mi gusto. Desde que los conocí, también he seguido con mucho interés, por ejemplo: Vivaldi (con Mer Core y Plasma Active de KDE, que me encanta), Python S3 y otras de Ekoore (que me gustó por eso de poder arrancar varios sistemas operativos), PengPod (que ya fue un éxito en indiegogo); pero, por desgracia, no tienen la visibilidad ni mucho menos la difusión que puede dar un producto firmado por Canonical; y una vez popularizado el perfil de producto, muchos se aventurarían, ya más seguros, a hacer el suyo propio, que es lo que a mí me parece más interesante.

La campaña de Canonical con Ubuntu Edge ha animado la fiesta favoreciendo de carambola a muchos pequeños fabricantes que pueden ver que hay interés en máquinas funcionando con software libre. Creo que hay muchísimo espacio para diversificar creando nuevos dispositivos portátiles y para su integración con los clásicos, tanto para usos genéricos: el dispositivo personal universal en el que quiere convertirse, o ya es, un teléfono inteligente; como para otros más específicos desde pequeños intenet de las cosas, tabletas para dibujar "bien", súper-podómetros y otros chismes biométricos y/o para la salud, relojes listísimos… y ojalá a no mucho esperar, de ellos se pueda sacar tanto partido como ahora se prevé como cosa normal en otros dispositivos; por ejemplo, siempre me he preguntado por qué una carísima tableta no tiene sitio para un soporte VESA, un conector para ser usada (sin peros) como monitor auxiliar, servir de periférico USB para entrada táctil…

Puede que el mundo no necesite otro sistema operativo para móviles, pero yo sí.

Autor: Víctor Ventura