Reinventar la rueda

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Entre las frases hechas que más nervioso me ponen cuando las oigo está la de «reinventar la rueda». En general lo encuentro en dos contextos con significados casi divergentes que me producen grados de irritación muy diferentes. Cuando se hace alusión a que se trata de resolver un problema ya antes resuelto pero que se desconoce, tengo poco que objetar, todo lo más si en la relación entre emisor y receptor del mensaje corresponde que el primero le haga tal juicio al segundo.

Sin embargo, si lo de reinventar la rueda se refiere a que no merece la pena tratar de dar otro enfoque a una solución que existe, o buscar una nueva solución a un problema conocido, no puedo evitar que se me disparen, entre otras, las alarmas de la mediocridad y del conformismo.

Por supuesto que es imprescindible conocer perfectamente los fundamentos teóricos que sustentan nuestra área de conocimiento, lo más posible los que la rodean, estar al día sobre el estado del arte de las tecnologías (entendidas en el amplio sentido del término) que nos afectan profesionalmente y hasta de su evolución histórica, pero para ver más lejos alzados a hombros de gigantes, no para postrarnos y adorarlos.

Tenemos más de un ejemplo cercano en el tiempo en el que el éxito de un producto no ha implicado la introducción de nuevas tecnologías sino la disposición de las existentes de una forma distinta a la que ya se estaba usando, su explotación alternativa, o el cambio de su uso por otro menos convencional; algo que un observador conservador podría juzgar como reinventar la rueda.

Sé que es muy humana la indecisión, que puede degenerar en pereza y parálisis por decidir o en irresponsabilidad al hacerlo; por eso no me cuesta perdonármela y comprendo el vértigo que sentimos al pensar en crear una nueva alternativa y más en un mundo lleno de ellas, pero cuando estoy a punto de rendirme a este sentimiento pienso en que una nueva alternativa puede ser una mejor alternativa en un determinado contexto, aunque en el peor caso sólo fuera por la aportación al ensayo y error, como ocurre con la evolución natural.

Por suerte, y a diferencia de cómo la evolución depende del azar, los humanos podemos planificar, podemos elegir la proporción de reinvención que dedicamos en cada proyecto y en cada tarea; dependerá de los intereses, de los valores, del estilo y de las circunstancias de cada cual en qué medida lo hace.

Como a (casi) todos, a mí me gusta sentir la seguridad de que las cosas siempre funcionan igual, se comportan igual, están en el sitio en el que las esperas encontrar, pero mi natural escéptico, inquieto (en el peor sentido, si quieres) y curioso me hace disfrutar cualquier proceso creativo, de invención, que siempre es, en mayor o menor medida, reinvención. Seguramente porque me gusta reinventar también me gusta reinventarme, algo tan de moda que decirlo parece presumir, y seguro que así se explica mi ecléctico perfil profesional.

Así que cuando acometo un nuevo proyecto no me preocupe tanto si estaré reinventando la rueda como si no la estaré reinventando lo suficiente.

Seguir Víctor Ventura:

Desarrollador multimedia y web

Tengo la suerte de ir recorriendo una carrera profesional muy variada pero en la que siempre encuentro lugar para la expresión gráfica y para la programación. He desarrollado aplicaciones para CAD, presentaciones multimedia interactivas, tecnología web en el cliente y en el servidor y últimamente para Internet de las cosas, tanto en el ámbito electrónico como en el tratamiento de datos y el interfaz con los usuarios. En Acadacual Granada, además de programar, me encargo de que los servidores sigan funcionando.