Internet de las cosas. Un buen lugar para el software libre.

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Internet de las cosas. Un buen lugar para el software libre.

Si te acabas de comprar un asistente para tu bicicleta o te han regalado hace poco un podómetro que también mide tu ritmo cardíaco, si no has podido resistirte a comprar la almohada que te dice si duermes bien o regular o un nuevo contador de electricidad para controlar tu consumo desde Internet o si tus termostatos mantienen una estadística de la calefacción de casa o… ya sabes lo que es Internet de las cosas.

Y esto no ha hecho más que empezar, hay muchos fabricantes con propuestas muy interesantes, más con propuestas que ofrecen soluciones de hardware y software preparadas que propuestas de dispositivos para integrar (o hasta fabricar) tú mismo, que también las hay. Con el mercado actual saturado (o estable, como mínimo) de ordenadores personales y ordenadores portátiles, empezando a saturarse de teléfonos móviles inteligentes y tabletas y una situación económica, de cuyo nombre no quiero acordarme, es una oportunidad de negocio, en la que además pueden caber las pequeñas, que muchas empresas no van a dejar escapar.

Y la verdad es que para alguien como yo, con una cierta adicción tecnológica y más a lo cercano al humano, es fenomenal, son buenas noticias. Un futuro que me gustará mucho ver siempre que respete la seguridad y la privacidad y no cierre el formato de los datos, de forma que nadie, si yo no quiero, vea qué tal late mi corazón ni tenga que volver a comprar la misma marca para ver los datos que grabó el primer dispositivo que compré.

Llamadme paranoico pero es que no está el patio (las redes socio-publicitarias, los espías del tío Sam y sus amables colaboradores…) como para fiarse mucho, que luego te dice la aseguradora que, si llevabas tres días durmiendo mal, cómo va a pagarte el golpe que le has dado al coche. ¡Maldita almohada traidora!

Con una legislación y su correspondiente aplicación que va muy por detrás de los acontecimientos empresariales y que se demuestra débil con los fuertes, precisamente los más interesados en el mercadeo de datos, sólo se me ocurre exigir la presencia del software libre en la Internet de las cosas como remedio antes de que se contagie también de la actual epidemia de espionaje y compra-venta de nuestros datos que sufre Internet.

Seamos optimistas, supongamos que nuestra legislación se pone al día para proteger nuestros datos (ya lo está en muchos aspectos) lo siguiente que necesitamos para que Internet de las cosas esté de nuestra parte es información, o formación, si lo prefieres. De nada nos servirá prohibir que nos espíen si entregamos voluntariamente nuestros datos y aceptamos que se trafique con ellos. Muchas veces es algo sutil, los ciudadanos, en general, no sabemos que algo tan aparentemente inofensivo como el breve texto de las cookies que vamos recolectando al navegar por Internet sirva para una minería de datos que construye un perfil personal detalladísimo de nosotros; o que se nos puede identificar inequívocamente con unas cuantas coordenadas de espacio y tiempo.

Además, sólo el software libre nos garantiza control total sobre nuestros datos y sobre nuestros dispositivos, especialmente a los que nos gusta cacharrear más allá de lo que haya previsto, o permitido, el fabricante. Usando software libre es impensable esa molesta manía que tienen algunos fabricantes de limitar las posibilidades de su propio hardware, como si al pagarlo no lo compraras y siguiera perteneciéndoles; y no me refiero a mantenerte la garantía si los mojas sino a poder usar cosas que ya están ahí, como transmitir datos por bluetooth o USB.

Otra de las grandes ventajas que acompañan a Internet de las cosas es la posibilidad de hacer una red local (que puede ser extensa) entre los diferentes dispositivos, una red entre máquinas o M2M, que a su vez puede darles conexión a Internet. Una puerta (más) abierta a la posibilidad de construirnos nuestra propia Internet.

En definitiva, los usuarios, que tenemos ya cierta experiencia tecnológica, podemos aprovechar esta oportunidad para explicarle a las empresas cómo queremos que sea Internet de las cosas y así no tener que oír que, como no sabemos los que queremos, ya se encargarán ellos de decírnoslo. Yo por mi parte pienso pedir hardware y software libre.

Autor: Víctor Ventura